LUCES SOBRE MARYLAND
Viajamos a Maryland para visitar a mi hermano y pasar unos días con su familia. Cuando compramos los boletos de avión, las únicas opciones disponibles eran red-eye flights, como llaman en Estados Unidos a los vuelos nocturnos, así que llegamos temprano por la mañana.
Mi hermano y su hija nos recogieron en el aeropuerto, mientras mi cuñada nos esperaba en casa con un delicioso desayuno. Pasamos el día conversando y haciendo planes para los siguientes días.
Esa noche, mi esposo y yo estábamos agotados. Pero antes de dormir, todos nos sentamos un rato junto a la fogata en el patio trasero. Snoopy, el perrito salchicha de la familia, se acomodó sobre mis piernas y se quedó profundamente dormido. Mientras estábamos alrededor de la fogata, hubo un detalle que me llamó la atención. Mi hermano había recortado la parte superior de la cerca. En lugar de seguir una línea recta, había rebajado un tramo completo, formando una abertura amplia en forma de U. Era un corte demasiado limpio y simétrico para pasar desapercibido.
—¿Y por qué la cortaste así? —le pregunté—. Parece que dejaste un carril exclusivo para un platillo volador.
Sonrió por un momento, pero enseguida se quedó serio.
—¿Sabés qué es lo más raro? No sé por qué lo hice.
Se quedó mirando la cerca unos segundos antes de continuar.
—Durante varios días no podía quitarme esa idea de la cabeza. Era como si una parte de mí insistiera en que tenía que hacerlo. No sabría explicarte por qué. Una tarde agarré las herramientas y empecé a trabajar. Cuando terminé, fue como si despertara de un trance. Me quedé viendo el resultado y pensé: «¿Qué acabo de hacer?»
En ese momento me reí. Pensé que mi hermano estaba exagerando o simplemente bromeando. Nunca imaginé que, horas después, tendría una de las experiencias más extrañas de mi vida.
Nuestro cuarto quedaba en el sótano. Era un espacio muy cómodo, con sala, televisión y baño, casi como una habitación de hotel. Tenía una pequeña ventana que dejaba entrar luz y daba justo al patio trasero. A pesar del cansancio, me costó conciliar el sueño y pasé cerca de dos horas intentando quedarme dormido.
Lo que estoy a punto de contarles es una memoria que volvió a mi mente varios días después de aquella noche. Todo era tan vívido, los colores tan intensos, incluso el aire era tan diferente, que aún hoy en día me cuesta describirlo.
Todo comenzó cuando desperté en medio de lo que parecía una sala de operaciones, estaba inmóvil sobre la mesa quirúrgica. Una lámpara proyectaba una luz directamente sobre mi rostro. Tenía varias mangueras conectadas al pecho y al abdomen, unidas a unos recipientes que, a su vez, alimentaban unas máquinas. Ni siquiera era capaz de abrir la boca.
Entonces apareció. Se acercó hasta mi y me observó con la misma frialdad con la que alguien contempla un cadáver dentro de un féretro. Parpadeaba lentamente y parecía decirles algo sobre mí a otros seres que estaban fuera de mi campo de visión.
Su piel era tan blanca como una hoja de papel. Tenía unos ojos negros, enormes y profundos, una boca diminuta y carecía por completo de nariz y orejas. Sus dedos eran largos, delgados y huesudos.
Después salió de la habitación y me dejó solo. Miré a ambos lados, convencido de que no había nadie más. Pero cuando bajé la vista, lo vi.
A mi lado, inmóvil y conectado a unos tubos muy parecidos a los míos, estaba Snoopy.
Nuestras miradas se cruzaron y, aunque parezca imposible, nos comunicamos sin pronunciar una sola palabra.
—Nos atraparon —le dije con la mente—. ¿Y ahora qué hacemos?
La respuesta de Snoopy fue inmediata.
—No podemos hacer nada—. Dijo.
Como si el perrito ya hubiera pasado por eso antes. Asustándome aún más; en medio del pánico pensé: "A lo mejor estoy soñando". Si lograba gritar, despertaría a mi esposo y él me despertaría. Lo intenté con todas mis fuerzas, pero mi boca parecía estar sellada con pegamento, tampoco tenia voz. Fue entonces cuando comprendí que estaba completamente indefenso.
No sé cuánto tiempo pasó hasta que volvió a entrar. Me observó por un instante. Sin apartar la vista de mí, apoyó su dedo huesudo sobre mi frente. La luz volvió a mis ojos. Era tan intensa que sentí que me quemaba el rostro. Después de eso, todo quedó en blanco. Lo siguiente que recuerdo es haber despertado en mi cama. No me había levantado ni una sola vez durante la noche, algo muy poco habitual en mí. Miré el reloj: eran las siete de la mañana. Pensé que el cansancio del viaje había hecho que durmiera de un solo tirón.
Nos preparamos para el día que teníamos planeado. Subimos las escaleras y, apenas Snoopy me vio, corrió hacia mí moviendo la cola con desesperación. Me agache para saludarlo, él se apoyó sobre mi brazo y comenzó a mover sus pequeñas patas a toda velocidad, como si llevara días sin verme. Me recibió con tal entusiasmo, que parecía estar dándome la bienvenida.
Mi hermano vive en una zona rodeada de árboles, donde es común ver venados y otros animales silvestres al amanecer. Durante esos días visitamos Washington D. C., Baltimore y otros lugares turísticos. Disfrutamos muchísimo esas vacaciones.
Una semana después, ya de regreso en Los Angeles, mi esposo me hizo una pregunta que me dejó pensando.
—Ahora que lo recuerdo, la primera noche que pasamos en Maryland. . . ¿por qué tu hermano encendió las luces del patio trasero en la madrugada, sabiendo que la luz iluminaría nuestra habitación?
—¿A qué te referís? —le pregunté.
Él me respondió:
—En medio de la noche, una luz muy intensa iluminó toda la habitación. Como estaba tan cansado, asumí que venía de la ventana que da al patio trasero. Era tan fuerte que me despertó por unos segundos, pero enseguida volví a quedarme dormido.
En ese instante recordé todo lo que les acabo de contar.
Por curiosidad, busqué información en internet y descubrí que, durante los días que estuvimos en Maryland, hubo varios reportes de luces extrañas en el cielo durante la madrugada.
Desde entonces me hago la misma pregunta:
¿Fue solo un sueño... o fue algo más?